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VOLVERÁN LAS ELECCIONES MUNICIPALES

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El último domingo de mayo de 2019, salvo que haya una hecatombe sísmica, o climatológica, habrá elecciones municipales. Es una de las pocas cosas seguras que hay en política en España, no caben dudas ni especulaciones, y eso es algo digno de apreciar si tenemos en cuenta los últimos acontecimientos. Ese día los ciudadanos y ciudadanas de este país, de todo este país, sin importar su comunidad autónoma, su provincia, su lengua elegirán a sus alcaldes y alcaldesas.

Sabiendo esto cabe preguntarse, ¿cuándo se ponen los gobiernos locales en modo electoral? o ¿cuándo deben ponerse?

El papel de los partidos políticos, nuevos y no tan nuevos, es crucial en ese asunto, pues optar a una alcaldía en España no depende sólo de la voluntad del candidato o candidata sino que depende sobre todo de la voluntad de la estructura del partido por el que acuda a las urnas. Y, aunque pudiera parecer natural que cualquier alcalde en ejercicio tenga ganado el derecho a volver a presentarse, eso nunca es automático… Se tienen que dar al menos dos de estas tres condiciones:

  1. Que el alcalde sea el secretario general, presidente, “jefe” de su agrupación política local.
  2. Que exista el convencimiento (o en su caso encuestas) sobre la valoración más que positiva de la persona y la gestión municipal.
  3. Que la curva del histórico de resultados de las elecciones esté en una dinámica ascendente.

En el caso de que se trate de una candidatura de un partido que no está en el gobierno, la batalla es sobre todo interna en el seno del partido para quitarse rivales a medida que la fecha se acerca.

Entonces… ¿cuándo hay que ponerse en modo electoral en un municipio? En nuestra opinión el modo electoral, la campaña,  ha de ser, como se viene ya diciendo desde hace 15 años, permanente, aunque por supuesto, con distintos grados, y aunque el grado más intenso no debería superar los 9 meses de cercanía con la convocatoria para poder planificar, medir, contrastar y corregir todo nuestro trabajo con los electores, en realidad se debe estar en modo electoral desde el momento en que se pone en marcha el plan de gobierno y se anuncian las primeras medidas nada más llegar al propio gobierno o nada más tomar posesión como oposición en su caso. Realizando sobre todo una sistemática recogida de información de toda la acción política que luego permita su utilización para la campaña.

Es cierto que la comunicación de campaña y la comunicación de gestión presentan  necesariamente algunas diferencias. Si el marco de campaña se caracteriza por la promesa y los pseudoeventos pensados para captar el interés de los medios e influir en la agenda mediática, en la comunicación de gobierno la narrativa puede seguir el siguiente modo: “como en el pasado propusimos X, hoy estamos haciendo Y, que nos llevará al futuro deseado Z”. La irremediabilidad de la convocatoria supone que la gestión de gobiernos y oposición se realiza de una forma que dinamiza y agiliza la acción pública, y que hace de la planificación la principal cuando no la única herramienta eficaz para la actividad política local. Y es que dado que en el calendario de las elecciones municipales no caben adelantos ni convocatorias a la medida del que gobierna o espera gobernar, se pueden establecer con nitidez los diferentes momentos en que se divide toda la actividad de precampaña y el momento en el que poner en marcha esa transición inversa o cambio al modo campaña, siempre y cuando tengamos claro quién va a ser nuestro candidato.

 

Otra cosa bien distinta es que en las elecciones municipales el factor partido, o marca de partido y por tanto el factor ideológico es menor en relación con el factor candidato o candidata, con lo que aunque la dependencia del partido para conseguir ser candidato es total, la ciudadanía no lo tiene en cuenta mayoritariamente a la hora de mostrar sus predilecciones. Una contradicción que genera una particular forma de enfocar las campañas en la que la clave principal en una primera fase son los equilibrios entre estructura de partido y equipo del candidato, y por ende en el establecimiento de los mensajes unificados que ambos deben definir a través de canales que por su propia naturaleza están separados.


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